Los más vendidos del sex shop.

Gentileza Lic. Alicia Cortajerena.

Notisash. Articulo Clarín.

A la cabeza van los vibradores de colores brillantes y diseños audaces. Y se rompen algunos mitos: a las muñecas inflables no les va tan bien. Claves de un negocio que tiene base en Internet y que seduce cada vez más a las parejas.

Por María Farber.


El primer puesto lo tiene “Bananin”, un vibrador de 20,5 centímetros, que cuesta 59 pesos. Lo siguen “Plumber piel”, una imitación realista de un pene, a 45 pesos, y el “doble lessbian vertebrada”, que sirve para disfrutar de a dos y entre chicas, y sale 80 pesos. El cuarto lugar es para “inexpulsable”, una joyita de 59 pesos, que, según su descripción, emula la sensación incomparable de las bolitas chinas, pero mejorada. Sigue “venus penis”, un estimulador con forma de mariposa de múltiples cualidades, a 85. Y un “arnés doble”, una especie de cinturón en el que se colocan dos “dildos” (ojo que ya no se llaman consoladores): uno para la propia satisfacción, y otro para la ajena, y cuesta 95 pesos.

Esos son los datos del ranking de los más vendidos del Sex Shop Argentino. Eso sí, Leandro, a cargo del negocio, aclara que en este rubro no hay modas, ni tendencias. “Si alguien compra alguno de los productos de la lista de más vendidos, no es porque está ahí, sino porque era eso lo que estaba buscando. Nadie le da bolilla al ranking, cada cual tiene su gusto o su necesidad puntual”. Pero, por supuesto, al final del día, algunos productos se venden más. Si de ordenarlos en categoría se trata, Leandro dice que los más requeridos son los vibradores y los dildos (lo mismo, pero sin motor), los accesorios anales y los estimuladores, en ese orden. “Y a partir de ahí, de todo un poco. En el sex shop no hay nada que no se venda. Algunos productos salen más, otros menos, pero todo sale”.

En La Cautiva, los más pedidos son vibradores de gel de colores brillantes y diseños novedosos. Opuestos a los realistas, son casi conceptuales. “Por ejemplo, uno que se vende muchísimo es el Baby Pink, que tiene una forma texturada”, detalla Gustavo Poupolo, webmaster de La Cautiva. “Los de colores ganan por goleada y el preferido es el rojo cristal”. ¿Por qué? “Es un color fuerte, llamativo, y al ser cristalino es moderno…”, justifica Gustavo. Y aclara que a la hora de elegir, dos variables son las fundamentales: el color y el tamaño. Otro dato, pero menos decisivo, es la procedencia. Los productos nacionales, coinciden todos los sex shops, evolucionaron mucho y no tienen nada que envidiar a los importados, que además son más caros. “Nosotros tenemos un 80 por ciento nacional y un 20 importado. La diferencia está en la complejidad. Si querés que vibre, que rote y que pulse, tenés que buscarlo en la industria extranjera. Los nacionales vibran, pero no les pidas más”, precisa Leandro.

El mercado de juguetes sexuales se disparó en 2000 y tuvo sus épocas doradas hasta 2003. “Esto es como los sitios de sexo: nadie los mira, pero son los más visitados. Hay mucha más gente de la que uno imagina que alguna vez compró en un sex shop”, sugiere Carolina, dueña del Hard Sex Shop. Allí está la clave del éxito: respetar el pudor de sus clientes, entregar el producto con hiper discreción y guardar el secreto. Leandro admite que el motor de sus ventas es Internet, aún cuando el Sex Shop Argentino tiene varios locales en Capital Federal, y compara: “En el local la venta se reparte un 30 por ciento entre mujeres y un 70 en hombres. En la venta online es un 50 y un 50”. Y aunque ellas sean más tímidas a la hora de dar la cara, el anonimato vale oro para ambos.

Más que la Navidad, las ocasiones que disparan las ventas de los sex shops son los aniversarios, recién casados, bodas de plata y, por supuesto, las despedidas de soltero. También influyen las predisposiciones anímicas: “En vacaciones y fines de semana largos aumenta la venta. Es cuando la gente tiene tiempo y escapa de la rutina”, razona Gustavo. Y, como es de esperarse, el estrés es el enemigo número uno: “Con los piquetes, el corralito o las elecciones las ventas aflojan”, dice Leandro. Y agrega Carolina: “Agosto suele ser un buen mes, pero cuando hace mucho calor se vende menos. Y en marzo, cuando empiezan las clases, tampoco se vende bien”.

En cuanto a preferencias, se pueden usar para derribar mitos. “Generalmente los vibra jelli (gel) o los “realísticos” salen mucho en medidas estándar”, dice Carolina. A veces un hombre pide una medida extravagante y después la mujer, cuando se encuentra con eso, dice “no, de ninguna manera” y entonces llaman desesperados para cambiarlo”. Eso sí, los cambios se realizan únicamente con la condición de devolver el paquete cerrado, tal y como fue recibido. En casi todos los casos las parejas hacen sus compras de a dos, incluso cuando es una sorpresa “generalmente hubo un sondeo, una autorización previa”, dice Gustavo. Más desmitificaciones: “Eso de las mujeres solas, no existe, es algo rarísimo. Solos tampoco. La mayoría son parejas. El perfil de quienes compran es súper normal, y hasta diría que es gente con un nivel cultural por encima de la media, y de clase media alta”, agrega Gustavo.
Otro mito que cae, de la mano de la mujer sola y su consolador, es la muñeca inflable: “Se usan más en broma que en serio, o a lo mejor para alguna despedida de soltero. Se vende una por año”, dice Gustavo. Para conseguir una hay que invertir un mínimo de 150 pesos y además no son esas que parecen una mujer de verdad y que se ven en las películas (en ese caso habrá que resignar 7 mil dólares). También hay muñecos y son más caros: unos 400 pesos. Y una novedad: las prótesis huecas recubiertas de piel sintética pellizcable que sirven, entre tantas cosas, para mejorar. La propuesta entusiasma, pero en seguida surge la duda malsana “¿me va a seguir queriendo ahora que tiene algo mejor?”. En su experiencia en un sex shop, Gustavo comprobó que es una duda frecuente, pero sugiere relajarse: “en estos seis años nunca vi que haya ocurrido algo así”. El jelli y la silicona seguirán siendo plástico, hasta que se demuestre lo contrario.