FACTORES SOCIOCULTURALES, PSICOLOGICOS Y DE PAREJA ASOCIADOS A LAS DISFUNCIONES SEXUALES FEMENINAS


DR. GERARDO GIMÉNEZ RAMÍREZ

Todo lo que se aprende a través de la escuela, la cultura y la sociedad; y todo aquello que heredamos de la familia en lo que respecta a principios morales, filosóficos, éticos y religión, conlleva a que cada persona conciba para sí Criterios que determinarán actitudes y conductas en todos los ámbitos de su vida. Es necesario recordar que esas actitudes y conductas son expresiones de lo que pensamos. Así se evidencia la relación de lo sociocultural en lo psicológico.

Este proceso se lleva a cabo de manera individual y, como uno de los aspectos humanos engloba el socializar y formar parejas o grupos, ante estas diferencias se pueden generar actitudes y conductas determinadas al confrontarse criterios semejantes o diferentes.

Uno de los ámbitos de la vida de cada quién es el Sexual, muy estudiado últimamente por haber cobrado gran importancia científica, no sólo desde el punto de vista biológico, sino también en cuanto al bienestar psicológico y social que puede generar. También porque esos criterios pueden confrontar a su fisiología sexual (es decir, su funcionamiento normal) y conflictuar al individuo.

Lo anteriormente expuesto hace manifiesto la gran influencia y capacidad de cómo la sociocultura, el componente psicológico y las relaciones de pareja, pueden afectar de manera positiva o negativa la sexualidad de los individuos y generar bienestar o disfunciones.

En lo que atañe a la mujer, su concepción como ser humano con derecho a equidad, ha estado marcada y condicionada desde tiempos remotos y, aún a pesar de la modernidad social, se acarrean algunos de esos estigmas, llegando a conflictuar a la mujer como ser integral (individual y social).

Al discernir sobre la Sexualidad Femenina, se hace imperioso tratar estos aspectos para así poner al tanto a la mujer sobre que puede estar afectado en ella y busque ayuda profesional para solventar aquello que le aqueja, aunado al hecho de poder cambiar su visión ante su sexualidad o poder manejar alguna disfunción sexual que pueda estar sufriendo.

Como se ha expuesto anteriormente, hay una estrecha relación entre lo psicológico y lo sociocultural, por lo que hacer una diferenciación entre ellos al enfocarlos, sería inadecuado. De allí a que en este artículo no se traten separadamente, sino de forma conjunta.

Estos factores son:

  • Los principios morales, filosóficos, y éticos pueden ser heredados de la familia principalmente (transmisión generacional), pero también de los maestros en quienes las personas pueden llegar a poner toda su confianza por considerarlos “modelos” a seguir (al idealizarlos, como suele suceder). Estos principios, independientemente de la fuente, están mal conceptuados, actúan inadecuadamente en la formación de esos criterios individuales, sobre todo en lo que respecta al criterio de normalidad y al enfrentarse a la fisiología normal de la mujer. Y, como la mujer se desenvuelve en un grupo donde todos lo comparten, tiende a arraigarse cada vez más y le cuesta entender alguna situación o información de manera diferente.
  • Al hablar de la educación en la escuela, la poca información sexual que reciben las niñas no es suficiente y bien orientada, lo que la hace inefectiva para su madurez psicológica, intelectual y sexual.
  • La sociedad latinoamericana, machista por excelencia, determina un rol pasivo y hasta sumiso de la mujer en lo concerniente a la relación de pareja y la sexualidad. Pasividad y sumisión que llevan a la mujer a tener que “tolerar” la actitud y requerimientos del varón. Ese mismo patrón machista que ha afectado a tantas mujeres predispone a aquellas que comienzan a formarse sexualmente a verse “reflejadas” en el espejo de las demás (por el presente o ante un futuro incierto), lo que pudiese generar temores y angustias sexuales, como también inasertividad (incapacidad de expresarse desde su yo), baja autoestima y hasta depresión. Esto es válido también para el momento en que la mujer desea expresarse en forma plena sexualmente, en su placer y deseo de accionar al ejercer su función sexual, pudiendo ser descalificada, denigrada, rechazada o abandonada por el hombre.
  • El aspecto anterior tiene que ver con la anticipación de las fallas en su buen desempeño sexual, lo que generaría angustia en la mujer y, por ende, pocas probabilidades de placer o disfrute sexual.
  • Ese mismo poder que se le confiere al hombre dificulta la adecuada solución de problemas de pareja, al pretender él tener siempre la razón y por su tendencia intrínseca a no ventilar sus conflictos con otras personas, incluidos los profesionales.
  • Las experiencias traumáticas sexuales en la mujer, ya sea en su infancia o edad adulta, de manos de abusadores sexuales o sus parejas, producen ansiedad y resistencia al ejercicio de la función sexual. Esto también es válido para cuando la mujer puede ser contagiada de alguna infección de transmisión sexual o sufre un aborto.
  • El temor al embarazo también genera altos niveles de angustia en las mujeres a la hora de disfrutar sexualmente.
  • La Religión considera “pecado” toda práctica sexual sin fines reproductivos. La mujer está más propensa a ceñirse a los principios religiosos, por lo que podrían genera en ella asco hacia la sexualidad, aversión extrema y persistente, disminución o represión de sus impulsos, deseos y fantasías sexuales; angustia, y conflictos de pareja.
  • El amor, afecto que cobra gran importancia en el mundo de la mujer, podría generar conflictos al verse la mujer “usada sexualmente” por su pareja si esta es poco afectuosa, si lo que busca desde el inicio de la relación es actividad sexual, si es lo único que le interesa con ella, o si el hombre, estando casado, la desea como extrapareja solamente.
  • Llevarse bien con la pareja es vital para la mujer, lo cual se origina de los conceptos del matrimonio (“es para toda la vida”, “no quiero tener la etiqueta de divorciada”, “mis hijos son lo mas importante y no pueden quedarse sin su padre, y si me divorcio, me van a echar la culpa de ello”, “a toda divorciada, si se le acerca otro hombre, lo primero que busca es sexo”, etc.).
  • Si su vida sexual no es satisfactoria, teme reconocerle a la pareja que él no le sabe estimular, que él sólo la penetra y todo su cuerpo siente, o que es monótona, y se le hace difícil establecer una relación “extrapareja”, ya sea sólo de índole sexual o con afectos creados por lo de la fidelidad, que en las mujeres se arraiga más y es muy cuestionado.
  • La soledad y las pérdidas físicas recientes llevan a la mujer a comprometerse en relaciones de pareja o situaciones sexuales inusuales y hasta inestables e insatisfactorias.