Amor de madrugada.

M. Pérez, J. J. Borrás y X. Zubieta. El mundo. España.

Gentileza. Lic. Alicia Cortajerena. Notisash.

 

Hay quienes se acuestan bastante cansados, pero después de un sueñecito cargan las pilas y el deseo se manifiesta rotundamente. ¿Qué hacer en esos casos para no desperdiciar la energía que se manifiesta? A algunas personas les encanta que las despierten pidiendo guerra, sucumben en la calidez del lecho, que nunca es tan íntimo y acogedor como a esas horas de la madrugada. Otras, sin embargo, no soportan que interfieran su periodo de descanso y consideran una falta de respeto esas insinuaciones a deshora.

Estas diferencias, ciertamente, tienen que ver con el momento que vive la pareja. En periodos de enamoramiento -cuando la pasión está a flor de piel- todo acercamiento es bienvenido. Pero con el paso del tiempo la disposición puede que no sea la misma y la comodidad pasa a ser determinante. Además, si la pareja es estable, la motivación hacia la acción se resiente y da paso al consabido "ya habrá mejor ocasión", o bien "tenemos todo el tiempo del mundo".

Pero el tiempo pasa de manera inexorable y las ocasiones que no se aprovechan no vuelven. Por eso, en cuestiones de amor y de sexo es bueno vivir cada día como si fuera especial. Vale, también tenemos derecho a descansar, a ser perezosos -incluso en el sexo- y tampoco es bueno ir siempre de estupendos y llegar a obsesionarnos con nuestro desempeño sexual.

Pero la idea está clara, una buena disposición sexual ayuda mucho a la relación de pareja y alegra la vida. Por eso, para el sexo de madrugada lo mejor es negociar: hablarlo, pedir permiso, tener signos sutiles de comunicación, como suaves caricias que inciten al contacto. Y si no se tiene respuesta, no pasa nada, siempre está el autoerotismo. Es lo bueno que tiene el sexo, que bien gestionado siempre está disponible.